El pasado mes de julio llevé a mis hijas de viaje. No nos veíamos desde hacía cuatro años, así que este viaje era muy necesario. Visitamos Dullstroom y Graskop, donde superé mi miedo a las alturas y me lancé desde el borde del columpio gigante, balanceándome sobre el hermoso desfiladero. Fue una sensación emocionante y liberadora. Sin duda, lo repetiría. Recomiendo totalmente esta actividad si visitan Graskop.