Las cumbres nevadas del Grand Teton se reflejaban en el lago, y los árboles verdes se reflejaban en el agua azul, creando una escena pintoresca. Un grupo de personas se detuvo al borde de la carretera, cámara en mano, tomando fotos de la montaña, que permanecía serena. Las flores silvestres se mecían con el viento, y las marmotas asomaban la cabeza de sus madrigueras antes de volver a esconderse. Una pequeña barca flotaba lentamente en el lago, sin remos. Al caer la noche, el sol poniente pintó las cimas de las montañas de rosa, para luego desvanecerse en un azul grisáceo, provocando escalofríos. Al cabo de un rato, el viento pareció llevarse incluso los recuerdos más vívidos.