Esta impresionante escultura en la reserva natural de Brouq se extiende más de un kilómetro y consta de cuatro placas de acero, cada una con más de catorce metros de altura. Para garantizar una alineación perfecta, Serra estudió la topografía del terreno y realzó de manera hermosa el vasto y desolado espacio en el corazón del desierto. El resultado es espectacular y, aunque moderno, atemporal.