Este templo octogonal del siglo VI es un verdadero himno a la vida, comenzando por su dedicación al santo mártir Vital. Su cúpula, objeto de estudio de los más grandes arquitectos del mundo, desde Brunelleschi hasta Palladio, desde Antonio da Sangallo el Joven hasta Le Corbusier, hace juego con los quizás más famosos mosaicos de la ciudad: aquellos que representan al emperador Justiniano y su esposa Teodora, musa de muchos artistas más o menos contemporáneos, desde Gustave Klimt hasta Karl Lagerfeld, desde Christian Lacroix hasta muchos otros maestros del estilo y el refinamiento.