Las calles empedradas del casco antiguo de Riga lucen lisas y brillantes, con edificios a ambos lados que combinan estilos gótico, barroco y modernista. La fachada de ladrillo rojo del Palacio de la Cabeza Negra destaca en la plaza, mientras que el campanario de la iglesia asoma desde el callejón contiguo. Las casas a lo largo del río Daugava son más nuevas que las del casco antiguo, y los cafés ribereños bullen de actividad por las tardes, con barcos que navegan lentamente por el agua. En invierno, el casco antiguo se vuelve mucho más tranquilo, y cuando la nieve cubre los tejados, es tan sereno como una fotografía antigua. En realidad, el casco antiguo no es muy grande; uno puede orientarse fácilmente tras unos cuantos paseos, y cada detalle ofrece algo nuevo por descubrir.