
▲ Tocando el pulso de las dinastías Han y Tang: al subir a las ruinas de la Fortaleza Xiaofangpan, los muros de tierra apisonada se alzan en silencio bajo el sol abrasador del desierto. Al deslizar los dedos por la superficie erosionada, parece escucharse el tintineo de las caravanas de camellos y el relinchar de los caballos de guerra. Aquí quedaron atrás los estandartes de Ban Chao, la figura de Xuanzang y los suspiros de los poetas.

▲ Al adentrarse en la "Ciudad del Diablo", el tiempo parece acelerarse. La erosión eólica durante millones de años ha esculpido obras maestras de la naturaleza: una flota a gran escala navegando, un pavo real erguido, una esfinge... Picos extraños se alzan en multitud, con posturas diversas, como si una flota alienígena hubiera descendido a la Tierra.




