Este es un faro abandonado, en reparación cuando lo visitamos. Está en la costa atlántica; desde lejos se ve bastante bonito, pero de cerca no tanto. Al acercarnos, un hombre moreno salió y nos preguntó en inglés si queríamos entrar. Como estaba en obras y no había nadie vigilando la entrada, pensamos que podíamos entrar. Sin embargo, nos pidió 5 euros por persona. No teníamos efectivo y no había ningún sistema de pago electrónico, así que no entramos. Vimos unas escaleras, así que pensamos que podíamos subir a la torre.