Decidimos alojarnos en este hotel durante el fin de semana de San Valentín atraídos por su oferta especial para la ocasión y por las excelentes valoraciones que presentaba. Sin embargo, nuestra experiencia demostró que las expectativas generadas por dichas opiniones distan considerablemente de la realidad. A nuestra llegada, el viernes 13 a última hora de la tarde, ya se percibían ciertas deficiencias organizativas: una única persona atendía la recepción, lo que provocó una espera de aproximadamente 15 minutos para realizar el check-in. Aunque no es un tiempo excesivo, resulta llamativo en un fin de semana señalado donde previsiblemente aumenta la ocupación. La primera impresión de la habitación 406 fue positiva. Su estilo andaluz, amplitud, luminosidad y estética cuidada auguraban una estancia agradable. No obstante, esta buena impresión se desvaneció rápidamente al detectar múltiples problemas: presencia de humedades y moho en varias zonas, plato de ducha con deficiente evacuación que provocaba encharcamientos, sistema de climatización inoperativo y una terraza visiblemente sucia. Resultó especialmente decepcionante comprobar que la terraza de una habitación contigua, ocupada al día siguiente, sí se encontraba en perfectas condiciones. Además, la ausencia de información sobre precios del minibar y otros servicios incumple estándares básicos de transparencia. Tras varios intentos fallidos de contacto telefónico con recepción, tuvimos que desplazarnos personalmente para comunicar las incidencias. La respuesta fue limitada: no se nos ofreció cambio de habitación y únicamente se envió un técnico para revisar la climatización, dejando sin abordar el resto de problemas. En contraste, la experiencia en el restaurante durante la primera noche fue satisfactoria. El personal se mostró amable y atento, y la oferta gastronómica fue variada y de calidad, tanto en la cena como en el desayuno del día siguiente. Sin embargo, los problemas estructurales persistieron. Al regresar de una excursión el día 14, la calefacción volvió a fallar, obligándonos nuevamente a contactar con recepción y esperar otra intervención técnica. Esta reiteración evidencia una falta de mantenimiento preventivo. La mayor decepción llegó con la denominada “Cena Especial de San Valentín”, que suponía un suplemento adicional de 18 € por persona. Lejos de ofrecer un valor añadido, la propuesta reducía considerablemente las opciones del menú respecto a la noche anterior, sin incluir decoración temática, detalles diferenciadores ni bebidas especiales. En esencia, lo único verdaderamente “especial” fue el incremento del precio. A ello se sumó un servicio desorganizado y claramente desbordado: ausencia de cubiertos en mesa, necesidad de solicitar repetidamente las bebidas, reparto errático de platos e incluso asignación de nuestros pedidos a otras mesas. Una experiencia caótica que contrasta con el nivel mostrado la noche anterior. Resulta especialmente frustrante comprobar que el esta