La ubicación del hotel es inmejorable, a solo 500 metros de la estación de Kioto. Además, con un Don Quijote y los grandes almacenes Isetan muy cerca, satisfacer las necesidades de compra es extremadamente fácil.
El hotel ofrece sala de fumadores, baños públicos (onsen), bar y restaurante. Un gran punto a favor es que, el día del check-in, antes de las 17:30, se puede ir a la zona de refrescos del bar para descansar y disfrutar de bebidas gratuitas, que además se pueden llevar a la habitación. En cada planta hay máquinas expendedoras y dispensadores de hielo, y algunas plantas también disponen de lavadoras.
El desayuno, aunque no muy variado, es de alta calidad. Se sirve un menú fijo (teishoku) en una caja de tres niveles, con cuatro pequeños platos en cada uno, y el sabor es correcto. La comida tiende a ser una mezcla de estilos japonés y occidental, por lo que si no estás acostumbrado a este tipo de gastronomía, quizás no sea la mejor opción.
Las habitaciones son pequeñas, pero están muy bien equipadas y no les falta de nada. Ofrecen dos opciones de limpieza: completa o parcial. Sin embargo, la limpieza diaria después del check-in me pareció un poco descuidada, con algunos detalles que no se atendieron correctamente. Sugiero que el establecimiento refuerce la formación de su personal en este aspecto. A pesar de esto, en general, no hubo problemas y es un hotel excelente.
En cuanto a algunas reseñas negativas que mencionaban discriminación hacia turistas extranjeros por parte del personal de recepción, mi experiencia personal fue completamente diferente: no tuve ningún problema, de hecho, diría que el trato fue incluso entusiasta (¿quizás porque hablo japonés?). En mi caso, la actitud del servicio fue realmente satisfactoria. Además, según mi observación, las reseñas negativas del hotel se concentran en el año 2023. ¿Quizás cambiaron de equipo de gestión? Eso no lo sé, pero al menos para mí, su actitud y servicio fueron impecables.
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